Necesaria

27/Abril/2007

El héroe de la laguna

Archivado en: Relatos — Gustavo Camacho @ 6:37 pm

“Llegué a la laguna desconocida donde había muchas aves y por no saber de aves, imaginé que eran entes voladores que raptaban a los sueños. Repasé mi puño en ristre, galopé hasta donde estaban los entes con la bravura de toda mi energía más manifiesta, todas las aves levantaron el vuelo y acabé en el suelo. Quería volar y con mi puño acabar con aquellos terribles entes.

Una mujer algo gorda sacó de sus alforjas de cuero de sapo, un remedio para curarme, dijo que era una pócima muy famosa que podía curarlo todo, pero olía tan feo que la convencí para que me dejase curarme con un bálsamo especial, hecho con agua de la laguna y una planta de los montes olvidados, llamada albahaca.

Pronto me recuperé, estaba muy alegre por mi hazaña, pues había conseguido descubrir la laguna y que aquellos entes voladores se batieran en retirada. Me despedí con gracia y mucha cortesía, hasta la próxima aventura y me fui diciendo adiós con un sombrero que no era mío, pero me servía para la ocasión.”

Debí haberlo escrito cuando comencé con esto, alla por los 10 años. Gracias a Ana Atchondo, mi maestra de entonces. Un cariño.

Necesito un cambio

Archivado en: Poemas — Gustavo Camacho @ 5:59 pm

Reclamo a quien escuche este pedido, a que por fin pongan todas las heces en los sacos de mi pertenencia.

Ruego que desconozcan el paisaje sutil de mi infamia y jamás se atrevan a develar ese misterio que desconoceré hasta entonces.

Suplico se me permita colgarme del rulo de esa estatua tan estática en la plaza de mi pequeña cama. Interpelo al mas osado de mis detractores, ya que su refugio le ha permitido estar ausente de mí.

Invoco al milagrero de la feria para que me deparé un poco más de lo que estoy dispuesto a pagarle. No exijo un gran destino, sólo uno un poco más distintivo, con una cuota de intrepidez y buena suerte en las desgracias inéditas.

Convoco a quienes desde sí no puedan asegurar, ni acertar, ni afirmar una razón; esa que se manifestó por cierto, desde la capacidad de improvisación que se desató cuando fueron acorralados.

Pongo sobre aviso que intentaré devolverme a la cordura. Aunque no entiendo muy bien de que se trata, ni en qué me terminaré convirtiendo. Haré caso de las recomendaciones, ya que si muchos se permiten tal estado, es probable que por fin logre dormir con calma. Aparente calma.

Agobio

Archivado en: Relatos — Gustavo Camacho @ 5:21 pm

En mis tonterías se destaca la imposibilidad de lograr la calma, en la paz o el destemple de mi cabeza. Anduve con impunidad el camino del egoísmo para que aprendas a no demandar, a que no pidas lo que ya no entendí darte. Consumí los tiempos de la ingenuidad ocupándome en lo devastador de la subsistencia. Ya no puedo entender que vale la pena nada que produzca penas. Ya no puedo entender que es preciso animarse a lo que me consumirá el ánimo, las ganas y por sobre todo la voluntad.

Hoy estoy algo positivo. Entiendo que no puedo sino aceptar con aprecio, lo que me has agasajado, aunque no deba deberte lo que de vos y tus voluntades surgieron. Es verdad, fuiste amable y por demás generosa. No es verdad que te haya pedido nada de eso. No sé si merecí tu atención. Pensalo de ésta forma, me presté a tu juego y creí de verdad que te agradaba darme aquello que ofrecías arengando sobre el gusto de mi recepción.

Si reprochas, desoiré la razón. Si aún reprochas, entonces te volverás muda, quieta, ininteligible. No forzarás mi pulso, no jugaré pulseadas con tu reclamo. Nada te debo, porque nada te he pedido. No me cuentan las cuentas de tu ábaco. Nada te debo porque no entiendo el momento en que me dejaste sin nada, sin vos, sin tu recelo. Estoy extrañado, las garantías fueron escuetas y el desconocimiento cimentó el agobio de éste vacío.

En mi cielo próximo intentaré recordarte.

De otra forma

Archivado en: Breves — Gustavo Camacho @ 4:46 pm

Si te beso con el beso que me ruegas, no podré ya besarte sino de otra forma algo más inusual que la que dicta el mecanismo mismo de mi sentimiento.

Dormir de más.

Archivado en: Relatos — Gustavo Camacho @ 4:10 pm

El pasillo era largo como el devenir y la luz corta como el acierto. Seguramente habría escogido evitar entrar pero no hay cartones suficientes en las calles de hoy, y ayer me robaron un colchón. Rugía el ascensor su desgano, pero era de otro lado, de otro edificio sin puertas, sin pasillos y sin ventanas. Así se me ocurre que nadie bajaba de el y el no bajaba, ni subía, a nadie, solo rugía del otro lado del muro de este pasillo tan largo.
Sostenido por la curiosidad, apenas sostenían mis ojos el sueño y apenas veían lo que apenas se podía ver y lo que a penas me sucedía. Tuve que dormir, aun a cuesta de no haber visto tanto.

Dibujé en mi sueño una almohada, mullida, blanca, sumisa y una manta cálida, ligera, fractal. Me entregué a mi sueño confortablemente. Ya no me importó el pasillo tan largo. De seguro mañana será otro día y la ciudad me deparará tanta más ignorancia que ayer y en más, como siempre. Habrá desprecios en las esquinas desde ventanillas suntuosas. Me dejarán una moneda que no valdrá sino el desprecio. Pasos ligeros ante mi andar lento. Miradas inquietas ante mí vulgar visión. Narices fruncidas ante el hedor de mi rendición. Mañana será de nuevo otro día como tantos otros. Qué me importa ahora!.

Me desperté tan después, que la luz del día pasó, para mi, inadvertida. Ya era de noche otra vez. El pasillo largo era aun más largo que ayer. El ascensor rugía parpadeante. Nuevas puertas habían surgido o mi visión, antes cansada, recién las descubría. No supe por cuál lograría saltar a la calle. Escogí al azar, primero una, luego otra y sin voluntad terminé aquí. No sé escribir, ni describir, ni transcribir pero este espacio preciso no es de mi ciudad. Quizás me sorprendió la muerte. Me llevará un tiempo superar el desconcierto. Por cierto el aire sabe a cada día anterior. Me está ganando el hambre. Estoy vivo… he visto pasar una persona que me negó su atención. Sólo dormí de más, esta es una nueva noche de un día como el de ayer, como el de todos, como cualquiera.

Si esperas atenta

Archivado en: Poemas — Gustavo Camacho @ 2:37 pm

Sabrás por fin:
Cómo vuelvo sobre todo, por todo.
Mis después de antes, mis después de ahora.
Mi integridad desdeñada y desaliñada.
Cómo tiemblan los aires de mi aliento.

Sabrás por fin:
Sobre el niño que han matado a mis espaldas.
Cuánto me he perdido en las ausencias.
Porque duermo apenas cuando duermo.
Lo que sé y no debería haber aprendido.

Sabrás por fin:
Las otras vidas que calentaron mis risas.
Lo que quise saber de mi ignorancia.
Que la maldita ansiedad tiene sosiego.
Cuándo y cuánto me pierdo en los pensamientos.

Sabrás por fin:
De mi corazón destinado al sur del sin destino.
Cuan inmensa es la luna que se ve desde mí.
Cómo vuelvo siempre a sortearme en el amor.
Porqué estremece mi cuerpo tu intención.

Sabrás por fin:
Oler mis humores y mis iracundas reacciones.
Que la profecía no fortalece mi expectativa.
Que no tengo fe en la violencia histórica.
Que me vuelven las ganas, cuando se saciaron a gusto.

Sabrás por fin:
Arder en mi atención y en la muestra de mi desmesura.
Volverte frágil en mi enorme dedicación.
Cursar tus caprichos en la infancia de mis licencias.
Olvidarte de mí, cuando todo te haya dado.

Sabrás por fin, que soy común a quién me vea.

25/Abril/2007

Aunque no quiera

Archivado en: Poemas — Gustavo Camacho @ 8:44 pm

Presentaste tu desparpajo.
Dijiste sin mesura y hasta sin sentido.
Se coló por tu boca, el fragor de derrotas previas.
Tomaste mi brazo para escucharte de cerca.
Adelantaste el paso para mirar el impacto.
Robaste miradas que no te vieron.
Estabas dispuesta, muy dispuesta, a que te recibiera como ni quisiera.
Subiste a mis labios y los probaste, probando los tuyos sin esperarme.
Trepaste a mi cuello y lo rodeaste, para confirmarte, para confirmarme.
Desentendiste atenta mis palabras.
Estremeció tu piel mi mano quieta.
Buscaste referencias en la bañera.
Asociaste historias de nuevas épocas.

Vagamos.
Fuimos andando sin orientes.
Fuimos velando sin cuidados.
Fuimos armando sin piezas.
Fuimos cubriendo la pereza.

Y bien, no pude amarte.
Pero te fuiste antes de saberlo.
Rezando a otro tus victorias;
robando miradas de ojos ciegos;
besando labios también sin besos;
trepando al cuello del sindeseo;
ignorando palabras con desvelo;
buscando referencias de camafeos;
inventando historias que no se dieron.

Y bien, no pude amarte aunque debiera…
aunque no quiera.

Igual que siempre

Archivado en: Poemas — Gustavo Camacho @ 7:24 pm

Ayer volví a ese pueblo,
el que por omisión no habita en mis recuerdos.
No sabría decir cómo llegué,
ni qué camino llevó mis pasos,
pero volví.

En realidad creo que volví,
porque todo me resultó familiar,
como si en alguna ocasión
se hubiese instalado allí y en mí,
el no entenderlo.
Cruce sus calles sin esquinas,
doble sus pasos.
Observé en sus vidrieras
lo que no he podido
y la imagen de quién ya no podré ser.
La gente de antes en el lugar de ahora
que es idéntico al lugar de siempre,
al de antes,
al del recuerdo,
al del rechazo y el desconcierto.

Tardé por cierto,
el mismo tiempo en recorrer
las mismas calles.
Negué por cierto,
el saludo a desconocidos
reconocidos.
Recreé el nombre
de su olvidada geografía.
Trepe sus muros inconclusos
y pise el césped prohibido de la plaza
de mi primer beso.
Llegué hasta la ribera a mirar
el río que no es el mismo,
nunca el mismo,
siempre marrón,
siempre de paso,
siempre mutando,
siempre tan mío.

De existir algo que uno puede valorar,
de haber vivido y sufrido en un pueblo,
es que se puede olvidarlo sin más.
Total que más da?,
si un día vuelves,
allí estarán intactas todas las cosas.
La plaza, la iglesia,
la escuela, la barranca
y la calle del centro.
El bar de siempre
y todos los recuerdos.
El de un primer amor
y un primer dolor
siempre nuevo.

24/Abril/2007

Hablarme en la madrugada

Archivado en: Relatos — Gustavo Camacho @ 12:37 am

Habíamos vuelto sobre nuestros pasos una vez más. Jamás nos acostumbramos a resignarnos al fracaso, por eso volvimos. También por la adicción que se adquiere por aquello que logra poner sobre la mesa lo peor de nosotros mismos. Los vínculos de la descendencia no siempre logran mejorar la situación. Al menos en nuestro caso fué así.

Aquella mañana de un lunes tan lunes, ambos renegamos de despertarnos juntos. Qué seguía sucediendo que eso aún sucedía?. Vaya uno a saber. Seguramente nos habían ganado nuestras negaciones. El día pasó sin vernos. La noche llegó para ambos.

Puedo asegurar que como siempre la ciudad se había tragado las estrellas del cielo. Que el fuego y la desazón, nos impedía mantenernos quietos. El aire sabía a disgusto, a incomodidad, a inconsciencia. Los errores eran indivisibles y evidentes. El maltrato ganaba el tono de cada palabra o cada expresión. Mirábamos con sentencia y la hora de dormirnos, otra vez juntos, se devoró nuestra consciencia, por última vez.

Aún resuena en mis inquietudes, tu iniciativa de comenzar a hablarme en la madrugada, no sé qué indicio te dio la certeza de que estaría lo suficientemente despierto para escucharte. Tuviste la valentía necesaria. En mi atmósfera resonaban los versos de Joaquín Sabina en “Y sin embargo”:

…y el lunes al café del desayuno
vuelve la guerra fría
y al cielo de tu boca el purgatorio…

No recuerdo muy bien tus acusaciones o mejor dicho no las quiero recordar. Recuerdo que yo ya no estaba allí, desde antes, mucho antes. Es natural, creo. Luego me expulsaste y vinieron irremediables, las noches. Noches frías, oscuras, y sin salidas visibles. Hasta que mas tarde que temprano, me incorporé. Ahora los tiempos son distintos, aunque me encuentren tan errante como entonces. Tan errante como siempre. Tan errante.

23/Abril/2007

Una sospecha

Archivado en: Poemas — Gustavo Camacho @ 7:00 pm

Asimismo la ciudad comenzó a descender y
toda nuestra creación se ha hundido en la angustia.

Ni nuestra plaza, ni nuestro banco pudieron ya ser divisados.
Ni los árboles, ni el pasto verde.
Ni la mansa calma, ni el rincón alambrado.

Nuestras aves migraron.
Nuestras flores… qué decir?.

Las paredes de nuestro vientre se contrajeron.
El olor de las palabras se disipó.
Y nuestra hoguera nos consumió lentamente.
Y nuestra alegría se desoyó.
El eco se multiplicó en el recuerdo y fundamos fábulas.

Hoy no podemos saber a ciencia cierta,
Qué fue o cómo y mucho menos…
Porqué?.

Hay una sospecha que aún nos moviliza.
Sólo una sospecha.

Entradas siguientes »

Blog de WordPress.com.