Necesaria

30/Septiembre/2007

Me pregunto

Archivado en: Poemas — Gustavo Camacho @ 6:45 pm

Qué es sino un árbol crecido despojado de su verde follaje
o el mensaje en la botella que se estrella en las rocas
o el resumen escueto de una historia de años tras años
o la sensatez de merecer unas caricias más dedicadas
o la madera rota del naufragio, en mares inhóspitos
o la estela del viento que concluye con la ilusión
o el insomnio mío que nadie puebla con existires
o la espesura del placer en las propias manos
o la mirada sobre ningún hombro inmediato
o el querido amor de quien uno quisiera
o la estirpe silenciosa de una condena
o el llanto que logra mojar la camisa
o la plaza de los anónimos cercanos
o la tranquila inquietud actual
o la luz seca del desgano
o la mar de penas.

Qué es la soledad,
sino la misma soledad
que presagian mis preguntas.

Migajas

Archivado en: Poemas — Gustavo Camacho @ 4:19 pm

Perdido en pensamientos posteriores
no logro encontrarme en aquello que anhelaba
se me cuela por entre los dedos como arena fina,
como soplos de vientos que no secan mis lagrimas,
como olvidos de recuerdos que no llegaron a ser,
una motivación que no llega a concretarse.

Es vago por esto, este despojo que siento
solo por un supuesto gozo, una conquista,
o el abordaje de una idea que haga de esto
una obra contemplable, una referencia
para elucidar el motivo que me empuja
a este precipicio que se engulle mis impulsos.

Mi búsqueda es frenética, los ruidos
que distorsionan mi conciencia me mutilan,
y en el intento de vivir esto como una concepción,
me pierdo en pieles de calor relativo,
de olores presuntos, de estímulos tardíos
y en la cuenta de las migajas que tengo
para dar otra promesa como cumplida.

“Gracias Ale I., por darme tu mano para sortear estos obstáculos. Gustavo.”

Instantánea

Archivado en: Poemas — Gustavo Camacho @ 11:53 am

Por entre la ventana y la cortina
veo un taxista arrodillado que espía
la mueca roja del demonio.

Apenas lejos se escucha el sopor
de la vías del ferrocarril sonámbulo
agobiado por llevar solo perennes vidas.

Las venas de la urbe insana
es un colectivo de puñales,
que agita el ánimo de trashumantes.

La fachada de la casa de enfrente
me evoca sentires sombríos y anarquistas
por un grafiti atemporal.

Mi pueblo de rebeldías truncadas
duerme su siesta sin sueños ni utopías
para cambiar de una vez y para mejor.

Tiendo en silencio un puente de desánimo,
desde mi refugio de sorpresas,
con ésta tos tabaquica que clamo
y que moviliza mi cuerpo con estertores,
imponiéndome una difonía que accalla
mi propia rebelión, por causa o culpa
de un amor que no halla un lugar en mis olvidos.

Matriz

Archivado en: Poemas — Gustavo Camacho @ 3:42 am

Porque siendo lo único gravitante que inició mi grave vida
me desangro por tu dolor minuto tras minuto.
Yo que sufrí y sufrí desmedro con el niño
que mataste contra mi espalda desmedidamente,
cuando extirpaste el brote de su tallo ya sin guía.

Yo que sufrí el frío y la intemperie
y el desconcierto temprano
y la necesidad descubierta
y la impotencia de la ignorancia
y el resquemor de penas no demandadas
y la humillación de la larga espera.

Yo que incrementé el despojo
de todo cuanto amara y la pérdida
y así y sin más
que enfermo o insomne
como tantas veces
o sólo susceptible a todas
las miserias de la especie,
me rodeé de soledades confiables.

Yo que a veces he bregado
con fantasmas intimos
que poblaron mi lenta
retracción insobornable;
cómo no desangrarme piel adentro al percibir
tu demacrada imagen por años de errores
mujer madre de mis años tristes
cuyos labios, resecos por la culpa,
a veces le extendieron a mis lágrimas, una sonrisa.
Las mismas lágrimas que riegan la impotencia
de venganzas premeditadas e indulgentes,
a las que no atinaré por compasión.

Yo que tragué mis demandas
con guarniciones de distancias incunables
y desamparo de verdades tras mentiras
y miradas sobre un pasado inconcluso,
hoy puedo comprender sin perdonarte,
porque el tiempo me ha entredicho
que ya no debo esperar más mi propia infancia.

He sacrificado los muñecos de mi niñez,
he perdido la inocencia de tus culpas
y aun así no logro sentirme a gusto
con tu presencia invisible,
testigo de cuánta es y fué,
tu ausencia y tu descuido.

29/Septiembre/2007

Almanaques

Archivado en: Poemas — Gustavo Camacho @ 9:37 am

Razón de mente y alma y músculos gimiendo
y un mártir madero esperándome
mientras la margarita permite deshojarse
sin piedad y asumiendo de cara al eterno recuerdo
días de carencias que proveían carencias
algunas veces sin almuerzo, otras sin cena
jamas ambas y siempre con la duda de turno
para honor y horror de aquella visión
sobre un deseo visceral que engorde mi osamenta
tres litros diarios de aguas bravas
de manantiales insípidos,
pescado, camote y matecocido.

Es el fin último
que detiene mis pasos
que siembra y cosecha mi antológica verdad inutil,
mi extensa piel empalidecida y fría
como precarias primulas lívidas de nostalgias,
como la tonta luna de divino marco negro
que noche a noche deja con gusto
sus cómodas posaderas marinas para los marinos
y sus escarpadas alcobas para los serranos;
pero para siempre o nunca segun sea
el caso de mi ocaso, mi noche oscura.

Trémulo a los cien años que hielan los huesos
inutiles e inservibles como la sangre
del cuerpo inherte por causa u omisión de la vida
fugándose en un tiempo de atrofiados valores
abrazados a un madero diminuto
en el que tallado un Cristo contradice la verdad
grave y sardónica y despiadada como ráfaga
que se hunde aquí y que a veces corta la rama
y sonríe desdeñando vuelos despreciables
por aves muertas con trinos incoloros
y plumas de brisas quietas, nieblas de nada
sobre la nada que negamos mientras tanto.

Las calles rechinan arrastrando gotas de verdades
en mares secos por mentiras inmediatas
para motivos inmediatos y poseciones excesivas
que nada muestran pues nada reflejan
en el espejo opaco del mismo mar
condensado por la angustia exhausta
de nanas sin remedios, sin médicos, sin gurúes
que bostezan hace mil siglos
y en un cajón de cartas mudas
pero despobladas de cursilerías
un guiño de Arlt y Sabina avisan a mi olvido
para que detenga su paso.

Sucede al fin y de esta forma la muerte
El corazón tieso resiste los embates de latidos
que reproducen ecos continuos en
un cerebro a oscuras y a tientas
que se puebla de infinitas e impostoras defunciones.

Ni la vida del no,
ni el odio del si,
ni el amor del improbable,
ni las gentes insulgentes o sumisas
arrastran sus pesados dones antes mis reflejos.
Sola y mia la sola sombra mía
las causas putrefactas ya,
sin agrupados y condensados puñales
en naves de vientos ávidos del tiempo aborrecible
que en la nada nos deja desangrar sin expulsar una gota
de perdon eterno, de aceptación a destajo, de crédito de duelos.

La muerte sucede de un modo tan completo
que de tan humano y tan primario y tan absoluto
impide que se asuma elemental como la luz,
cómo el agua, como el aire y como el fuego
que incendia por último, los almanaques.

27/Septiembre/2007

Recuerdos y olvidos

Archivado en: Poemas — Gustavo Camacho @ 1:24 pm

Todo se puede descubrir justo ahí,
donde se oculta la molienda del descuido.

En ese rincón o en el sitio tieso de la costumbre, subsiste
aquello capaz de vivir sin morir para siempre si uno las observa.

Entre el cuerpo y el alma se escapa la realidad,
pero entre el alma del cuerpo y el alma
hay un agua densa de calmas,
un agua que atrapa y arropa un espejo sin corazón.
Un agua y un espejo que no hacen sino buscarse,
por intuición, sin conocerse, sin estimarse.

Quedan siempre las imágenes, instantáneas
sólo de apariencias que no pueden ser movimientos,
sino el tono espectral apto para un entierro,
de quien cerró los ojos a la luz y como una hoja
que va y viene, de un rincón a otro, de otro hacia un rincón propio,
tal como la vimos una vez y de nuevo, en vano, la evocamos.
Como se evocan sueños que insisten en vivir
al margen de los sueños, como la piedra inherte
que involuntaria puede existir sin deseos.

Ya se sabe que el contexto no desaparece
por voltearse visionario en el pasado
guardian de la memoria que vuelve como el olvido
a mi mente en llamas y por un instante vuelve
para guiarme a los besos preferidos.

Yo mismo vuelvo para recuperarme
en los aromas y atavíos del amor perdido,
en el regocijo sin sueño,
insomne como la red cerrada de los sentidos,
de un Dios no intervencionista y cada vez más lejano,
que desde no se dónde, que desde no se cómo,
nos abandona y aprendemos que nada tenemos,
que nada hemos perdido y todo no es,
sino sueños ferinos de hojas o plumas fundidas
que desaparecen con el viento.

El pan de arena

Archivado en: Poemas — Gustavo Camacho @ 11:37 am

Si tan sólo fuera así,
nada más que un sueño de amor sobre las cabezas,
si tan sólo así.

Así como rasgos creados para ciertos rostros.
Así como la voz muda,
que arremete hundiendo su puñal
en nuestros cuerpos como esponjas de violencia.

Si tan sólo fuera igual a tus piernas
de intimidad de vaivenes que atrapan mi celo.
A tus muslos amados,
nunca jamás en duelo de banquetes.
A tus ojos que no miran
antes de ser sacrificados por mi deseo.

Pero augurado amor,
no están solos los gozosos dormidos.
Solo está el hastío
con su cruel lengua de chacal insensible.

Y está el pan de harina de piedras
que se hace con penas de labios
y con manos contraídas,
y con dolor de ausencia.

Y está la piel preparada para anidar
a salvajes, inocentes de sus culpas.

Y la profunda mente del delirio
arrojado ante la puerta del amor, profundamente.

Y es elucidado el fuego interno
de las esculturas moldeadas con tu cuerpo.

Y la pertenencia de las horas que se encausan
en huídas frágiles como ríos de aguas sin destino.

Y la bella excusa que cómo vuelo de paloma
se precipita antojadiza sobre un lecho de distracciones.

Y el sueño de cisnes de vientres de sueños,
sobre un sol que llega para demoler pieles como nubes
que caen a la tierra pero restan para seguir su marcha
hacia un inquietante trabajo sobre el mar.

Si tan sólo fuera así de dócil el paraíso,
y las naves del deseo con olor a besos,
a muecas de besos, a besos olvidados
y caricias perdidas en bolsillos vacíos.

Si tan siquiera las costas de un río que pretenden
morir unidas y de una vez por todas,
como sangres, como lluvias que anhelan
fundar otro mar sin territorios, pudieran
acercarnos en sus conquistas.

Si ya no nos quedase una causa para eludir el placer,
una causa insomne para morir mejor
como sombreros de vientos en el valle
que sólo el cielo atrapa en su vacío
alcanzándolos con ritos que nunca nos dejan
sobre el más allá, entonces,
por el desdén de credos bestiales
nos abocaremos a tragarnos de a bocados
el pan de arena, voluntariamente.

26/Septiembre/2007

Sabremos

Archivado en: Poemas — Gustavo Camacho @ 2:10 am

A sales, a plumas,
a bocanadas de nieblas en el frío,
a calores propios y energías del otro,
a saberes incógnitos e ignorancias desconocidas.

Al fin, el principio,
a errores inestimables en el vaticinio
de la infamia familiar, de la arrogancia
sobre lo acordado y lo olvidado nuevamente.

Al asimétrico sabor de la desidia,
al acalorado discurso del culpable,
al argumento infame, a la envidia
de quién deseé para si nuestros aciertos.

Sabremos así, encontrarnos en nuestras soledades.

Sabremos así, amarnos a mares.

Inmoral

Archivado en: Breves — Gustavo Camacho @ 2:02 am

Inaceptable es aquello que otros se permiten,
como adivinando los deseos de nuestra vergüenza,
con ese desparpajo anormal e inmoral del mural
de los rojos de la propia roja sangre,
que vemos desde la ventana de la propia inconsistencia.

Atreverse

Archivado en: Poemas — Gustavo Camacho @ 1:26 am

Entonces me contarás tus nanas
una y otra vez como una niña,
que muestra su primer herida,
a quien la mire más de un instante atento.

Vibrarás con ganas contenidas,
desearas el deseo de desearme
como la ultima vez, la próxima.
Como la próxima vez, la última que me lo pidas.

Entenderás de tanto repetir,
el sinsentido sentido de sentir aun,
el duelo final y el olvido,
para antojarte de mis manos prestas.

El instante que renueva su permanencia,
nos dará permisos para permitirnos
y aceptar el uno en el otro regenerado,
lo que gusta ahora, lo que seremos.

Nos convertiremos, mutaremos,
y aquellos que no enloquecen nunca
no atinarán sino a juicios predecibles
por los juicios que con desdén omitiremos.

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