Necesaria

4/Junio/2008

Ojos en los pies

Archivado en: Relatos — Gustavo Camacho @ 1:44 pm

El sueño era sueño de viernes. Sueño después de una semana con actividades de semana a semana, rutinarias y cansadoras. El frío se despedía de un mayo quedándose en el anden para tomar el tren de junio de otoño, en una Buenos Aires agitada y silenciosa.
Un corte de luz. Una vela encendida en el departamento de la soledad de una anciana que no sopló la vela antes de dormirse para siempre, por si acaso le venían ganas de ir al baño a mear en la madrugada. Por desgracia las ganas de mear no le vinieron y el fuego se comió el pabilo y la cera de la vela. Luego el mantel. Luego la mesa de madera vieja. Luego todo lo demás. Las manos del fuego y la mordaza del humo, se consumieron también a la anciana y a su perro.
No satisfecho, el humo ansioso, salió a los palieres y aprovechando cualquier rendija se coló a otros departamentos. Uno de ellos, y sólo dos pisos más arriba, velaba el sueño de mi niña. Eran las 5.30am del sábado 31 de mayo. Hora en la que el sueño con todo su peso se desploma sobre las camas. Temprano para despertar. Tarde para conseguirlo.
Hay sueños livianos. Son esos sueños de los que siempre se reniega. Esa forma de dormir en vilo que nunca consiguen un descanso pleno y por el que siempre se reniega. Como siempre ha renegado la madre de mi niña. Patricia se llama. Patricia es el nombre de la mujer a la que he amado hasta lo indecible, pero que nunca fui capaz de manifestarlo de tal forma que aún nos permita permanecer juntos. Tampoco fue de tal forma como para que aún pueda ser ese mi deseo. Pero eso no viene al caso.
Patricia, no tiene solo el sueño liviano, sino también una obsesión por los olores. Eran las 5.45am y se despertó sobresaltada. Sus ojos pronto dieron cuenta de una visibilidad reducida y su olfato detectó el visitante letal que ocupaba, junto con ella y mi niña, el departamento. Reaccionó con la velocidad del instinto y sujeta a un coraje que no le conocía, despertó a mi niña, tomó unos abrigos, tomó aire o lo poco que quedaba de el en el ambiente, abrió la puerta y sin dejarse ambas, inhibir por el humo denso y la visibilidad nula, se echaron escaleras abajo para escapar sin otra garantía que el deseo de salvar sus vidas. Bajaron los escalones sin saltearse o trastabillar en ningún peldaño. Nada podía verse. Pero los pies autómatas, guiaban con precisión los pasos. El ambiente era irrespirable. Solo la convicción de la supervivencia las precipitó hasta la calle. Ambas lo consiguieron.
Luego la ciudad y el frío y los gritos de los vecinos.
Luego la calle y el frío y apenas unas medias.
Luego caminar sin rumbo y el frío que ahogaba la sirena de los bomberos y la policía.
Luego subirse al auto, las llaves en el bolsillo del abrigo, y el frío, y andar sin destino por calles que resguardaban otros peligros. Luego el edificio donde viven unos amigos y el frío, y el timbre sonando en esas horas que solo presagian una desgracia.
Luego el cobijo de Pascual, Mercedes y su hija, compañera y amiga de mi niña.
Poco a poco la calma y el llanto y la prisa por contarlo y el teléfono para avisarme.
Acababan de salvarse.
Acababan de parirse una a la otra.
Acababan de inaugurar un nuevo vínculo, cómo si el amor de madre e hija no les bastase.
Me uní tan pronto como pude para abrazarlas, para llevarlas a un hospital en el que nos dirían que milagrosamente no se habían intoxicado en los muchos minutos que habían inhalado el humo asesino. Luego el sábado último de mayo y la dulce voz de mi hija aseverando:
- Papá, fue como si tuviésemos ojos en los pies. –y su madre asintiendo con la cabeza, segundos antes, de dormirse ambas en mi cama. Lejos de olor imborrable, de los restos del infierno, de los ruidos de los vecinos que como hormigas restauran su hormiguero. Cerca de un recuerdo que permanecerá por mucho tiempo manifestándose como todo temor que siempre vuelve.

Porque ser agradecido es siempre una virtud y en la cuenta de que no soy de quienes son asistidos por la fe, voy a hacerlo asi:

Gracias Patricia por tu rápida reacción, por tu sueño liviano, por tu obsesión en el olfato y por sobre todo por todo el amor a nuestra niña.

Gracias hija por tu existencia, por tu voluntad vital, por tus enseñanzas sobre el amor y por sobre todo por tu enorme valentía.

Gracias a ambas por continuar en mi vida.

22/Mayo/2008

revista ea

Archivado en: Relatos — Gustavo Camacho @ 11:42 am

Entre el infierno y el cielo

Bajó las escaleras como quién desciende al infierno a conciencia. En su cara no asilaba gesto alguno, sólo una mueca desesperada pero de larga residencia. No puedo decir que tuviera cansancio, sus pasos eran firmes. De a uno por vez, como si en cada uno se alejara por miles de un atrás que no propiciaba volver ni avanzar. -¿Dónde ir ya?. ¿Dónde ahora mismo?., -parecía preguntarse, en la nada que enfocaban sus ojos oscuros.

-Perdón, ¿estás bien?.
-¿Qué?
-Te pregunté si estabas bien.
-¿Quién sos?.
-Vivo acá en el quinto.
-Ah. Gracias, estoy bien.
-¿Necesitas algo?
-Si. ¿Me convidás café?.
-Si claro. ¿Preferís en un bar o en mi departamento?. No hago buen café.
-Prefiero no salir a la calle. Si no te molesta, es mejor en tu departamento.

Subimos las escaleras y recorriendo el pasillo hasta mi puerta me pregunté si no estaba cometiendo un error. Miré de soslayo su rostro y algo me convenció de que no había peligro en su mirada ahora algo más relajada. La luz de las bombillas eléctricas hicieron que entrara en la cuenta de su belleza.

Cuando me dispuse a abrir la puerta me habló, con voz tenue, como evitando que alguien más escuchara.

-Podés no hacerlo. Te lo agradezco, pero creo que no es prudente. No sabés nada de mí.
-Si, lo pensé. No creo que esta situación me ponga en peligro. No parecés una persona peligrosa.
-Gracias.

Se sentó a la mesa del comedor. Ahí note que llevaba un bolso pequeño y atiborrado cuando lo dejó a un costado de la silla escogida para asentar su humanidad.

Tomamos café casi sin hablar. No me animaba a preguntar nada, más bien esperaba que espontáneamente me contara lo que le sucedía. Miró mi biblioteca, se puso de pié y me pidió permiso para tomar un libro. Accedí, pensé que esa sería una forma de empezar una conversación. La intriga me quitaba toda tranquilidad, pero por una cuestión indescifrable, había suspendido mi ansiedad.

-Hace tiempo que no leo a Artaud. El ombligo de los limbos, ya desde el título deja entrever que cada palabra te llevará de la nariz al desquicio. ¿Lo leíste?.
-Claro. Si das más de un paso sobre la literatura de estos tiempos llegás pronto a Artaud. De todas formas no soy de los que hacen un culto de la locura.

Sonrió. Hablamos poco pero intensamente. Luego se consumó la noche y dormimos juntos, tanto como jamás creí poder dormir con nadie. La luz que anunciaba el día, nos renovó el deseo. Luego desayunamos.

Esa mañana me puse mi mejor traje. Un minuto antes de salir hacia mi trabajo, le pregunté.

-¿Te quedás?.
-Si no te molesta. Prometo no tocar nada, sólo algunos de tus libros.
-Podés escuchar música también. Vuelvo a las seis de la tarde. ¿Vas a estar?.
-Sí y con la merienda lista.
-Gracias. La heladera está llena.
-Gracias a vos.

Salí a la calle, la mañana era fresca y ligera como mi ánimo. No había planeado que fuera de esa forma, pero asimismo me agradaba mucho como había sucedido todo. Así, inesperadamente.
Llevamos tiempo juntos. Es muy lindo y hace que yo me sienta lindo cada día.

Este cuento fue publicado en la revista ea en el número del primer aniversario en marzo/abril de 2008. Para mi es una honra enorme participar en esta publicación independiente hecha a pura voluntad. Por lo dicho elijo éste, mi espacio, para extender un fuerte agradecimiento al Sr. Pacha Brandolino -editor de revista ea- y para expresar mi deseo a seguir participando en otros números.
El siguiente es el índice esta publicación:

  • La independecia – por Rita Parisi
    sección l – pág. 6
  • Fotografía y cambio social – por Cecilia Actis
    sección l – págs. 7 a 10
  • Piscoanálisi y Arte – por Elena Comoglio
    seccion l – págs. 11 y 12
  • Entre el cielo y el infierno – por Gustavo Camacho
    sección l2 – pág. 13
  • Güiraldes y el ballet – por Liliana Sujoy
    sección d – pág. 14
  • Bajo la luna – por Juana María Perea
    sección e – págs. 15 a 19
  • De otros jardines: TANZTAGE 2008editorial
    sección e – págs. 20 a 22
  • Nuevas variaciones sobre viejas cuestiones – por Pacha Brandolino
    sección d2 – pág. 23
  • Grupo Corpo – por Pacha Brandolino
    sección d3 – pág. 23
  • La boda del año – por Jimena Ferreiro Pella
    sección d3 – págs. 24 y 25
  • Escuela – por Jimena Ferreiro Pella
    sección d3 – págs. 26 a 28
  • Algunas notas [IN]CONEXAS – por Jorge Haro (2)
    sección d3 – págs. 29 a 31
  • La danza de las pampas – por Valerio Cesio
    sección d3 – págs. 32 y 33
  • Nido de ave con salsa de soja – por Natalia Micelli
    sección g – pág. 34

16/Mayo/2008

Tira de morcillas

Archivado en: Relatos — Gustavo Camacho @ 12:00 am


Llegué a la estación de autoservicio, estacioné el auto frente al surtidor número tres y le puse la manguera a la boca del tanque, marcando treinta pesos en el sistema de expendio digitalizado. El aparato se puso en marcha justo cuando suena mi celular con tu llamada enojada por mi demora. El surtidor numero tres falló y la nafta comenzó a caer de la boca del tanque hacia afuera, haciendo una mancha horrible en el costado de mi auto y en el piso. La mancha se fue expandiendo y mutando hasta transformarse en un terrorista afgano que con una ametralladora empezó a fusilar a todo lo que se moviera en la estación de autoservicio, luego volvió a caer desparramada y en unos segundos surgió de la misma mancha un irakí, armado con otro fusil a repetición, que siguió ametrallando todo el lugar hasta caer desplomado sobre el charco de nafta donde se proyectaban como en una película sobre el piso, imágenes de tropas norteamericanas y otros aliados llevando paz y democracia a esas tierras en las que inadaptados hacían explotar autos bombas frente a mezquitas matando a quien estuviera al alcance. Las tropas pacificadoras impondrían la paz a cualquier precio y eso fue evidente por el alto valor del barril de petróleo en todo el mundo. Luego todo pareció calmarse por un momento, pero del charco surgió un joven palestino que abrió su chaqueta mostrando una gran cantidad de explosivos. Era muy evidente que pensaba inmolarse. El quiosquero que observaba del otro lado del blindex trató de hacer algo para evitar el suceso. Atravesó la puerta con una mano en alto y voló en mil pedazos junto con el palestino, el surtidor, mi auto y todo el lugar. La canilla del expendedor se clavo en el centro de mi pecho y por todo mi frente la sangre salía a borbotones y mis vísceras me abandonaban para siempre.
Antes de morir pensé:

…Si se salva el teléfono es probable que alguien te avise, que ya no llegaré…

Antes de morir me dije:

-Aún no matan aquí, por asuntos combustibles. Así que no seré más que una tira de morcillas.

19/Abril/2008

La Fiesta Inolvidable

Archivado en: Relatos — Gustavo Camacho @ 3:55 am

¡Y bién, pasó la fiesta! Todo salió según lo planeado. Hubo suficiente bebida, los más bailarines bailaron por un sueño o dos, los charlatanes charlatanearon y los lectores… me robaron algunos libros, que espero tengan a bien devolvermelos cuando terminen de leerlos.

Lo más desopilante de la celebración fué el discurso de “DesEnRedAdo” que nos hizo reir hasta acalambrarnos. No tengo tal capacidad de inventiva, ni semejante memoria, sino lo transcribiría para compartirlo con ustedes. De todas formas prometió hacer un discurso similar y publicarlo en su blog (http://desenredado.blogspot.com). Espero que lo haga pronto. ¡Gracias DesEnredado!

Lo más sorprendente fue el poema de “Somos Fanáticos”, leído el cuarteto de estos personajes tan prestos a leer Necesaria y que no sabía que existían. Les agradezco el poema (que no conservo) y todos los halagos que me propinaron en todo el transcurrir de la fiesta. El poema pueden leerlo en estos días en http://leemosnecesariayque.blogspot.com.

Reconociendo mi caracter de celestino debo anunciar que se ha formado una pareja entre “Tramontina” y “El Lobo Selvático”. Estuvieron de larga charla y alegres cortejos durante toda la velada y algunos cuentan que los vieron oscularse con pasión. Prometieron publicar fotos de la fiesta en sus blogs: http://lacuchillada.blogspot.com/ y http://historiasselvaticas.blogspot.com/.

El papelon lo paso “Cecilia Albarracín” de http://debajodelahiguera.blogspot.com que llegó a la fiesta creyendo que yo era otra persona de otro blog y que ella había conocido por el MSN. De todas formas se unió al festejo y se fué con “Maxi Moreno” de “Tardes Coloridas” (http://tardescoloridas.wordpress.com).

El premio a los mejores bailarines se lo llevaron “Menta Lista” de http://menta-fria.blogspot.com y “El Tampoco” de http://yelno.blogspot.com/. ¡Increíble el rockazo que se patearon!

Los mejores chistes fueron los que contó “Noé Chistoso”. Casi me descompongo con el chiste del “Patito Rasta” que pueden leer en http://noe-notienecaso.blogspot.com.

Sin dudas la más linda de la fiesta fué “La Morocha” de San Telmo (http://pielyhuesos.blogspot.com). Está un poco flaca pero, ¡cuánto me gusta!

“De Moravia” y “Elentári” se detacaron por reíse de casi todo los que sucedía a su alrededor. También sacaron fotos que publicarán en http://demoravia.blogspot.com y en http://apenasunassilabas.blogspot.com.

Creo que “Aldo Bra” de http://ellasefuealcongo.blogspot.com, se llevó algunos libros, ya que no se separó de la biblioteca en toda la noche. Aldo, espero que me los devuelvas, eso de que “los libros se hicieron para los ojos y no para los estantes” está bueno pero regalá los tuyos, ¿ok?.

“Zegila” de http://añonuevoenemigosyvanguardia.blogspot.com/ se quedó dormida a poco de llegar, asi que no puedo decir mucho sobre cómo la pasó.

El “Dragón Salado” de http://proyectosalado.blogspot.com y “Amarga” de http://notengounespacio.blogspot.com, estaban con acidez, lo que no les impidió que se tomaran hasta el agua(cero).

Las que se aburrieron fueron “Alma” http://espirituindispuesto.blogspot.com y “Diabla” de http://diosillosinconmovibles.blogspot.com. Prometo que el año que viene procuraré que la pasen un poco mejor.

Los que más comieron fueron “Ferlen” y “Junando” de “Zona Aliada” (http://zonaaliada.blogspot.com). Al parecer el viaje desde España les abrió el apetito. ¡Gracias por venir!

El servicio de lunch y la atención de los invitados estuvo a cargo de “Mielmas Toke” de http://hospedajedeinvierno.blogspot.com. ¡Inmejorable!

También estuvieron los Anónimos que se invitaron solos e incordiaron a los demás.

Reparti muchos pines que todos lucieron con mucho gusto y buena disposición.

Bueno, lamento que hayan faltado los que no respondieron a la convocatoria. Yo, avisé con tiempo…

A todos los que me acompañaron éste año: ¡GRACIAS!

¡Gracias a todos por resignificar la amistad!

¡Gracias a todos por alentar mis intentos!

10/Abril/2008

¡Se viene la fiesta!

Archivado en: Relatos — Gustavo Camacho @ 11:42 pm

¡ESTAN TODOS INVITADOS!

Todos los concurrentes recibirán un pin,
como el de la imagen, de promoción de la lectura


…de mi blog, ¡claro!

25/Marzo/2008

Un mal cuento

Archivado en: Relatos — Gustavo Camacho @ 3:09 pm

“Una muestra de lo que no hay que escribir cuando se participa en un concurso que organiza una empresa.”

Currículum Vitae

El túnel del subterráneo vomitó, con cuatro minutos de retrazo, la formación que se estacionó en el andén y abriendo sus bocas atiborradas, nos tragó también a todos, los que como yo, esperaban más o menos detrás de la línea amarilla, por precaución.

-Por suerte, un asiento!. -Me desplomé en él con la mirada perdida en el bolsillo del ejecutivo que tenía a no más de treinta centímetros de mis narices. En parte, por cómo me sentía y en parte, por no enfrentar los ojos de la anciana que me disparaba dardos con los que trataba de persuadirme para que le cediera ese pequeño tesoro que es un asiento en las horas pico, en cualquiera de los medios de transporte público de Buenos Aires.

Venía de la décima entrevista laboral de éste mes y de la centésima vez que no fui seleccionado. Un puesto justo para mi perfil, si hubiese adquirido hace quince años, la experiencia y los conocimientos sobre informática, que poseo a los cuarenta, tras más de veinte largos años preparándome y acumulando experiencia. Por lo menos tuvieron la deferencia de hacerme saber que no quedaría seleccionado y no me enviaron de vuelta a casa con un: -Nos comunicaremos con Usted a la brevedad. ¡Una mierda!.

Mis ahorros se esfumaron y no sé cómo voy a pagar las cuentas de éste mes. -La cabeza me va a estallar! –pensé. Levanté la vista en dirección contraria a donde estaba parada la anciana y me detuve un segundo en un pibe de unos dieciocho años que llevaba una gorra de béisbol del tipo de las que usan los norteamericanos. El convoy aún permanecía en el andén, probablemente alguien había trabado la puerta intentando subir, y ahora habría que esperar unos segundos para que se ponga en marcha de una vez. Todos murmuraban en elocuentes signos de fastidio. Hacía calor y cada segundo era insoportable allí abajo. El tren arrancó para zambullirse en el túnel por el otro extremo del que había llegado. El pibe de la gorra giro la vista, me miró, sonrió y se acercó. Mientras venía hacia mi empujando sin el menor cuidado a los demás pasajeros, me esforzaba en recordar si lo conocía de algún lado. No supe quién podría ser cuando, ya al lado mío, me dijo:

- ¡Hola amigo!. ¡Qué cara de orto que tenés!. Todo liso, eh?!.

- Hola. No sé quién sos y no creo que te importe mi cara como sea que la tenga.

- Uh!. Bueno… qué áspero!. Todo bien amigo, no pasa nada. Hasta donde vas?.

- Hasta la última estación.

- Uh!. Qué viaje!. No te acordás de mi, no?.

- No, no es que no me acuerdo. No sé quien sos.

- Hace un rato te pedí un cigarro ahí en la puerta del McDonald’s y me diste el paquete de diez con el último que tenías. ¡Qué bien amigo!. ¡Estuviste liso!.

- Ah, sí… ahora me acuerdo. La cagada que no tengo más cigarrillos y tampoco guita para comprar. ¿Vos hasta dónde vas?.

- Hasta dónde pinte. Me pungueo a uno de estos giles y me bajo. ¡Eh!. No te pongás nervioso. No seas ortiba. No serás buche vos, no?. Eh, amigo?.

- Mientras no me metas en quilombos a mí, hace lo que se te cante el culo.

Habían pasado una o dos estaciones, no sé bien. El pibe de la gorra se movió rápido y se paró al lado de una mujer que hablaba con su celular muy animadamente. En el hombro de la mano con la que se colgaba del pasamano, llevaba su bolso. Iba bien vestida y su pelo estaba cuidado. En uno de los movimientos del tren y con la habilidad de un mago, el pibe de la gorra, abrió el bolso de la mujer. Fui el único que lo vio sólo porque estaba atento a él, ya que me había contado lo que haría. En el siguiente bamboleo, metió su mano y, frente a todos pero a ninguna mirada, se guardó la billetera en el bolsillo de su pantalón. Siguiente estación, el tren se detiene. El pibe baja entre muchos otros. Por la ventana que estaba detrás mío, pude verlo unos cuantos metros más adelante en el andén, mientras abría la billetera y hacía, con mucha rapidez, un ademán extraño. El tren se puso en marcha. Cuando estuve frente a dónde estaba parado, me arrojó un peso con cuarenta envueltos en un billete de dos pesos. Tres pesos con cuarenta es el precio de un paquete de cigarrillos de veinte, de la marca que yo fumo. Lo miré y desde el medio del andén me hacía señas de que me comprará cigarrillos y me los fumara en su nombre.

Aún me faltaban varias estaciones. Me paré y cedí mi asiento a la anciana. Me acerqué un poco a la mujer y le avisé que llevaba su bolso abierto. Sin dejar de hablar por su celular, cerró el bolso y me agradeció con un gesto. Tranquilo, me colgué del pasamano y seguí mi viaje. Ahí reparé en que el vagón estaba lleno de carteles publicitarios, entre ellos me detuve en uno de la empresa de subtes que promocionaba un concurso literario sobre anécdotas de viajes y que premiaban al ganador con tres mil pesos. -Si tan sólo supiera escribir, -me dije- sí que tengo una historia.

Me bajé en la siguiente estación. Compré un paquete de diez cigarrillos y me guardé el resto del dinero del pibe de la gorra. Ayudé a un señor, que empujaba a un lisiado, a subir un tramo de la escalera mecánica detenida, porque no encontramos el ascensor u otra forma de salir de allí abajo en una silla de ruedas, con más comodidad. Salí del túnel y en la plaza me puse a escribir este relato detrás de las hojas de mi currículum vitae. Tenía la oportunidad y no me la iba a perder sin intentarlo. -A lo mejor me gano unos pesos sin tener que trabajar, después de todo lo intenta todo el país. -pensé.

19/Marzo/2008

Girondo y las citas en dudas

Archivado en: Relatos — Gustavo Camacho @ 11:59 pm

- …el problema es que ya me cansé de lamentarme por todo lo que ignoro, que es casi todo lo que puede saberse. Ultimamente me he hecho amigo de gente muy culta, muy preparada. Gente que conoce las obras de artistas, que sabe de historia y de otras ciencias desconocidas para mi. Yo no se nada de eso ni de otras cosas. Muchas veces pienso que toda esta gente se inventan los asuntos de los que me hablan, sólo para dejar a la vista mi ignorancia. Por esto he pasado muy malos momentos. Escuche, hoy mismo, a la hora del té, alguien mencionó a Oliverio Girondo. Pense, pensé, pensé… y se me ocurrió que se trataba de un gremialista o un anarquista de los primeros años del mil novecientos. Sin precaución alguna, hice toda una exposición que me inventé en ese mismo momento. Debí reparar en la perplejidad de mi interlocutor. Relaté con rigurosidad histórica, varios hechos de la vida y la militancia del tal Girondo. Todos inventados, pero verosímiles. ¿Se imagina?. Terminé mi alocución diciendo: “- Es una pena que ya no haya militantes o luchadores incansables como Girondo”. Mi nuevo amigo tan culto, tan medido, dijo: “- El Oliverio Girondo del que quería hablarte fué un poeta. Del gremialista nunca supe nada. Voy a investigar. Ahora tengo que irme. Que sigas bien. Muy interesante relato”. No hay dudas de que se dio cuenta de todo, de que me lo inventé, de todo!. ¿Se imagina la situación?. ¡Abochornante!. Y la tierra que no me tragó por mucho que lo he deseado, en ese momento. ¡Digamé algo por favor!. ¡¿Todavía cree que no tengo motivos?!.

- Bueno Gustavo, tranquilícese primero. Bájese de la baranda. No está bien creer que saltar es una salida sólo porque no conoce la obra de un artista. Hagamos lo siguiente: se baja de la baranda, va despacio hasta el baño y se lava la cara. No tiene que colgar el teléfono. Yo estaré aquí con una poesía de Girondo, que buscaré en la internet. Cuando vuelva se la leeré y luego me cuenta qué le parece. A lo mejor ambos descubrimos que debió ser gremialista en lugar de poeta. ¿Está de acuerdo?.

- Sí, está bien… no cuelgue… no tardaré…

- No colgaré, pero si con la cara limpia y más tranquilo, ya no desea hablar conmigo, debo agradecrle por llamar a nuestro centro de atención y espero haber sido de ayuda.

10/Marzo/2008

Camiseta

Archivado en: Relatos — Gustavo Camacho @ 10:10 am

De mis desmemorias he logrado rescatar este recuerdo:

Era marzo aquí en Buenos Aires y el primer aviso fresco del otoño, escogió la mañana de un martes para colarse en mi cuarto. La noche anterior me había acostado cuando ella ya dormía. Entré al cuarto sin encender la luz, me desvestí, abrí el placard y tomé una camiseta. Luego, me dormí en un instante.

Al despertarme por la mañana, ella ya se había marchado a su trabajo. La luz que justificaba la ventana, hizo darme cuenta que me había puesto una de sus camisetas de dormir, la azul, la que nunca me había prestado. Como ocultándome de nadie, me tapé un poco más con las mantas y se me dió por pensar en que me había abandonado. Todo el día sólo pensé en ella y hasta lloré mirando su foto.

Cuando volvió de su trabajo le conté sobre el día que había tenido. Me escuchó mientras sonreía, cómo quién escucha la anécdota de un niño. Cuando por fin terminé mi relato, dijo:

- Mirá que sos tonto!. Yo nunca voy a alejarme de vos, pero quizás alguna vez, no evite dejarte ir.

Y así fue. Poco tiempo después, ya no estuve más a su lado o ella no estuvo más a mi lado. Fui tomado por sorpresa, en otra mañana del mismo otoño, cuando al despertar no tenía opción para jugar al abandono. Ella ya no estaba. Dejó su camiseta de dormir, bajo mi almohada. Aún, no me queda claro si se fué o si me dejó ir. En ese otoño y luego en ese invierno, tuve una gripe que parecía incurable. La eché mucho de menos, casi todo el tiempo, desde entonces.

Tanto que anoche dormí con ella… con su camiseta, claro.

Nota: Esto surgió a partir de la lectura de “Amor y azar” de ANA.

7/Marzo/2008

Qué cagada!.

Archivado en: Relatos — Gustavo Camacho @ 2:27 pm


El Cigala & Bebo Valdés – Lágrimas Negras (BOLERO)

- Uff!. Qué pregunta es esa?. La verdad que hasta ahora, nadie me había hecho una pregunta así. Dejame pensar. -No tenía mucho que pensar en realidad y dije: – Creo que podré estar atento. Cumplir con mis responsabilidades de la casa. Ya sabés, la compra del mes, mantener todo funcionando, eso se me da bien, por algo fui a un colegio técnico, y otras cosas que se vayan necesitando. Servirte y disfrutar que me sirvas de vez en cuando. Me gusta cocinar. Puedo ocuparme de las cuentas antes de los vencimientos. Viste que la tele, mucho no me gusta, pero tampoco tengo problemas para que miremos alguna serie. Quizás los domingos mire el resumen del fútbol, pero solo cuando Boca pierda. Es el mejor, por eso sólo me interesa cuando pierde. No haré programas con nadie, sin consultarte. Otra cosa!, prometo avisarte cuando me demore, por cualquier motivo, así no te preocupas, ni enojás al pedo. Espero que vos hagas lo mismo. Respecto a los asuntos parentales, sabés que no tengo relación con familiares míos, igualmente no creo que tengas problemas en adaptarme a los tuyos. De hecho me caen bastante bien. Igualmente, en este tema, no suelo tomarme nada muy en serio ni a la tremenda. Una cosa que me gustaría pedirte es que no esperes a que adivine lo que estés necesitando, se me dá muy mal adivinar nada, así que siempre házmelo saber e intentaré hacer lo que esté a mi alcance. Intentaré no discutir por tonterías. Propiciaré una buena charla cuando te vea tensa por algo. Si en algún momento pensás en que debo cambiar algo de mi forma de ser, ni sueñes que te haga caso. Creo que es probable que, en quién me convierta al cambiar, no te elija a vos como pareja. No suena bien, pero si lo pensás me darás la razón. Voy a necesitar que me tengas paciencia con la escritura, me gusta mucho hacerlo y espero que no te moleste. Sobre todo cuando me quedo a la noche haciendo ruido con el teclado de la compu. Podría decirte algunas cosas más, pero no sé que estás pensando. Bueno, no sé… es todo… decime algo.

Me beso con ternura y alegría. En los días subsiguientes nos dedicamos a buscar un lugar donde irnos a vivir juntos. Todo anduvo muy bien por casi dos meses. Un día, al llegar de mi trabajo, la noté tensa. Nos sentamos a conversar.

- Mirá Gustavo, todo bien, pero la verdad que no creí que hablabas en serio cuando te pregunté cómo plantearías vos una convivencia. Lo cierto es que no estoy preparada para una relación así. Me molesta haberme dado cuenta ya metidos en esto. Me voy a la casa de mis viejos. No te enojes conmigo. No sos vos, soy yo el problema. Sos un buen tipo y un buen candidato… vas ver que encontrarás quién sepa recibir todo lo que tenés para dar. Sólo me llevaré mis cosas. Te quiero mucho. Me gustaría que sigamos viéndonos.

- Ni lo sueñes. Si te vas no me verás más un pelo.

Metió sus cosas en dos bolsos y algunas cajas. Llamó a su padre para que la busque con el auto y se fue para siempre. Yo sigo en el departamento que alquilamos. No he hecho si no nada. Está bastante desordenado y sucio. Me molesta no hacer por mi, lo que sí hacía por ambos. En la tele que no miro, El Cigala llora los cantos de mis negras lágrimas. Sentado en su lado de la mesa, sigo escribiendo y he vuelto a fumar. Qué cagada!.

26/Febrero/2008

Los conspiradores

Archivado en: Relatos — Gustavo Camacho @ 3:52 pm

De izquierda a derecha: Indeciso y desconcertada. El ciego y su esposa. El infiel. La asistente social. El guardavidas.

Hace algunos años, ya no tantos ni tan pocos, habíamos tomado casi involuntariamente la costumbre de reunirnos, o más bien, de vernos a menudo. Éramos un grupo no muy grande de personas disímiles. Alguno era músico, otro cosechero, uno guardavidas, otro sólo era vago. Solía acudir un ciego y su linda esposa, un prestamista, un taxista, un sastre, un mecánico, un indeciso novio de una desconcertada, una secretaria, una enfermera, una médica, una diseñadora de interiores con un interior escabroso, una ingeniera no sé en qué, un pochoclero, un militante, una asistente social novia del sastre, un acompañante terapéutico, un psicólogo algo pesado, y creo que algún otro que ahora no recuerdo. Vaya!. Que no éramos tan pocos!.

No había una razón tangible para frecuentarnos. Entre otras cosas:

  • Solíamos prestarnos cosas, sólo por el gusto al agradecimiento o al reproche.
  • Compartíamos parientes para no idealizar la familia.
  • Incurríamos en el despojo para evitar el apego.
  • Nos cagábamos de risa, de hambre o de frío, a veces simultáneamente.
  • Cocinábamos cualquier comida que vendíamos en la feria, a precio de una exagerada adulación.
  • Paseábamos los perros, que no teníamos, y juntábamos las cacas en bolsitas, sólo para que huelan peor los tachos de basura.
  • Nos alistábamos en campañas solidarias, aunque no entendiéramos cómo se llegaba a tal situación.
  • Ordenábamos los vencimientos de los más radicales y, algunas veces, pagábamos sus cuentas.
  • Tomábamos mates zurciendo medias.
  • Salíamos con carros, a clasificar residuos.
  • Cruzábamos las calles por las esquinas.
  • Leíamos a escritores desconocidos y exagerábamos hallazgos.
  • Aprendíamos canciones olvidadas para sorprender en los fogones.
  • Hacíamos fogones con tubos de cartón de rollos de telas o papeles u otras cosas que se enrollan en ese tipo de tubos.
  • Besábamos sin reparar en el aliento, aunque este fuese el último.
  • Saludábamos animosos a los policías, sobretodo a los que iban en sus patrulleros.
  • También saludábamos a desconocidos para cambiarles el día.
  • Hacíamos de pacientes en salas de espera y nos inventábamos enfermedades desconocidas, para mitigar la autocompasión de los que sí esperaban ser atendidos.
  • Perdíamos la impaciencia sólo después de haber perdido la paciencia.
  • Entrenabamos mascotas para que nos indiquen cuándo y dónde querían comer, cagar, mear o pasear.
  • Iniciábamos discusiones acaloradas en los bares y participábamos a cualquier parroquiano, pidiendo su opinión.
  • Nos hacíamos los tontos, sólo algunas de las veces que nos tomaban por tontos.
  • Condenábamos los prejuicios con juicios avezados.
  • Concurríamos a comedores populares, acabábamos los platos y ponderábamos a la cocinera.
  • Delatábamos la infidelidad, aunque eso nos convertía en infieles con el infiel.
  • Nos poníamos en las colas, para escuchar los reclamos y protestas de quienes nos sucedían y precedían, luego dábamos el lugar a cualquiera que llegara.
  • Leíamos los volantes y otros papeles pegados en los postes de alumbrado.
  • Evitábamos tocar bocina, a menos que fuera para festejar.
  • Creábamos manualidades, debatiendo cómo sistematizar su hechura.
  • Festejábamos sobrevivir a los desaciertos.
  • Arreglábamos ordenadores sin hacernos ver como enviados del futuro.
  • Descartábamos aquello que no usábamos en seis meses.
  • Nos metíamos en ríos y en líos.
  • Pintábamos remeras con frases en castellano, que no entendíamos.
  • Nos bastaban unos pocos minutos para enamorarnos y unas cuántas heridas para desistir.
  • Aceptábamos despreocupados que no habíamos leído la mayoría de los libros que nos citaban.
  • Leíamos los pronósticos climáticos, buscando algún brujo que acertara.
  • Calmábamos a los que se impacientaban con las aguasvivas de la playa.
  • Ofrecíamos nuestro baños a algún pordiosero, sólo para desconcertarlo.
  • Aclamábamos consignas humanistas, olvidadas o dejadas de lado.
  • Pirateábamos libros, música, películas y hasta obras de arte.
  • Viajábamos al conurbano cuando atardecía y volvíamos después.
  • Nos poníamos preservativos todas las veces, a menos que quisiéramos procrearnos.
  • Jugábamos al truco para no perder la tradición.
  • Partcipábamos en marchas desalineadas.
  • Temíamos a las marchas alineadas.
  • Avisábamos antes de traicionar.
  • Contraíamos matrimonio, deudas y otras enfermedades.

Como se vé en la fotografía, no estábamos a la moda para diferenciarnos, o para destacarnos, o para hacernos los raros y porque nos resultaba caro.

La pasábamos, relativamente, bien. Nuestro mayor logro fué que un día dejamos de vernos para siempre, sin extrañarnos ni apenitas.

NOTA: Si fuiste parte de éste grupo y recordás alguna cosa que hayamos hecho y que haya olvidado enumerar, no dudes en escribirlo en un comentario. Si hubieses querido ser parte de éste grupo, no dudes en dejar un comentario con lo que te hubiese gustado hacer. En este mundo tan circular es probable que, alguna vez, volvamos a reunirnos para conspirar contra el olvido.

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